La organización colectiva contra la extrema derecha no es una opción, sino una necesidad histórica. La decisión del profesor Mark Bray de abandonar su propio país debido a amenazas es una advertencia gravísima. Su caso trasciende la defensa de la libertad académica: es el resultado práctico de una política de Estado que produce este tipo de ataque frontal contra nuestro derecho fundamental a organizarnos políticamente frente al avance de la represión y el autoritarismo.
La petición de Turning Point USA (organización política conservadora fundada por Charlie Kirk, con fuerte presencia en los campus universitarios de Estados Unidos) que exige el despido de Mark Bray de la Universidad Rutgers es un acto de pura censura política, destinado a borrar de las clases y de la investigación académica cualquier análisis que no sea la versión distorsionada de la extrema derecha y de las clases dominantes.
La acusación contra Mark Bray es una farsa peligrosa. No están apuntando a un “líder” del Antifa, porque saben tan bien como nosotros que Antifa es un movimiento amplio, una práctica de resistencia, no una organización estructurada. Lo que realmente están atacando es el conocimiento y el derecho de organización política de la clase trabajadora. Mark Bray es peligroso para ellos porque documenta, explica y legitima la larga historia de la resistencia antifascista.
Este ataque solo fue posible gracias al ambiente de caza de brujas sancionado por la orden ejecutiva de Donald Trump, que criminaliza a un espectro ideológico. No se trata de una política de seguridad; es una declaración de guerra política con un doble objetivo.
En primer lugar, al etiquetar el antifascismo como “terrorismo”, el Estado y la extrema derecha buscan justificar la represión contra cualquier forma de acción directa, protesta militante u organización de las clases oprimidas que se levante contra ellos. Es un intento de transformar la legítima defensa política y física frente a la represión de las clases dominantes y sus defensores armados en un acto criminal. Quieren que aceptemos pasivamente su retórica de odio y su violencia, bajo la amenaza de ser tratados como terroristas.
En segundo lugar, destruir la solidaridad y aislar a los individuos. La narrativa de que la “retórica de izquierda” llevó al asesinato de Charlie Kirk es una trampa. Es un intento de responsabilizar colectivamente a un movimiento por la acción de un individuo, un principio que ellos nunca aplican a sí mismos. Mientras tanto, cuando un neonazi asesinó a Heather Heyer en Charlottesville, Virginia, en 2017, la culpa fue individualizada. Esa lógica selectiva busca dividirnos, hacernos temer unos a otros y silenciarnos mediante el pánico.
La afirmación del grupo organizador de la petición de que Mark Bray es una “amenaza para los estudiantes conservadores” es la más cínica de todas. La verdadera “amenaza” que representa es intelectual: brinda a sus estudiantes la comprensión de que el fascismo y las clases dominantes pueden ser combatidos, y de que la gente común siempre se ha organizado para hacerlo.
Cuando el grupo de Megyn Doyle (tesorera de la filial de Rutgers de Turning Point USA) invoca la “libertad de expresión” y luego exige su despido, revela su verdadero proyecto: una libertad de expresión solo para ellos. Su “consecuencia” para el pensamiento disidente es el desempleo, el exilio y la intimidación.
El exilio forzado de Mark Bray no es una exclusividad estadounidense: se trata de una táctica internacional, reflejada también en varios episodios similares en nuestra realidad brasileña. No es difícil ver los mismos mecanismos de persecución en acciones como el movimiento “Escuela sin Partido”, que bajo el falso manto de la “neutralidad” buscó criminalizar a profesores que se atrevieron a promover el pensamiento crítico en el aula, o en los ataques sistemáticos de grupos de extrema derecha a las carreras de humanidades en las universidades públicas. Del mismo modo que Mark Bray es acusado de “adoctrinamiento” por estudiar el antifascismo, nuestros educadores son amenazados y procesados por enseñar sobre la dictadura militar, las cuestiones de género, la teoría de la evolución o el nefasto legado de la esclavitud. La narrativa es la misma: transformar el conocimiento en una amenaza, el análisis histórico en apología, y la organización política legítima en un asunto policial. Lo que ocurre en Estados Unidos es una versión de la misma guerra ideológica que busca, aquí y en el mundo, silenciar cualquier voz que se levante contra la hegemonía del reaccionarismo.
La persecución a Mark Bray es un capítulo de la ofensiva más amplia contra la izquierda y las clases oprimidas. Es una advertencia de que el Estado y las fuerzas reaccionarias están dispuestas a utilizar la herramienta de la represión para eliminar la oposición. Defender a Mark Bray es defender el derecho a estudiar y enseñar sobre los movimientos de liberación. Es defender el derecho a donar a fondos de solidaridad que cubren los gastos legales de los activistas. Es, sobre todo, defender nuestro derecho a organizarnos colectivamente para enfrentar y derrotar el avance de la dominación capitalista, donde y cuando surja. El exilio de Bray es el preludio de lo que desean para todo nuestro movimiento. ¡No podemos permitirlo!
¡Toda la solidaridad con Mark Bray y con los movimientos sociales de las clases oprimidas de Estados Unidos frente al avance de la extrema derecha!
Organização Socialista Libertária
Octubre de 2025
